martes, 23 de enero de 2007
En sus comienzos, la ciudad era un pequeño pueblo de pescadores ubicado en terrenos pantanosos en la boca del río Amstel. Nos situamos en el año 1200, antes de que se dedicaran al comercio. Las viviendas se situaban en montículos artificiales que las protegían de las inundaciones. Las aguas se controlaban con un sistema de diques y polders, lo que permitió que el pequeño pueblo se expandiera hasta convertirse en lo que sería la más importante ciudad comercial de la Europa del Norte.

En 1385 el descubrimiento de una revolucionaria manera de curar el arenque permitía conservarlo durante más tiempo, lo que dio lugar a los comienzos de la exportación. En esta época comenzaron también a comerciar con cerveza de Hamburgo. En el 1500 el comercio en el Báltico ya situaba a Ámsterdam como primera potencia de Holanda.

Las mejoras económicas llevaron consigo la lucha de clases y la Reforma llevó a una lucha por el poder entre mercaderes y los aristócratas amparados por el clero. Finalmente, los calvinistas se hicieron con la ciudad para que, un año después, Ámsterdam junto a siete provincias se declararan república independiente encabezada por Guillermo de Orange.

El siglo XVII constituyó la Edad de oro de la ciudad. La población aumentó considerablemente, muchos aumentaban su fortuna mientras otros la perdían en un flujo de constante cambio. Es en esta época cuando se construyen los llamados tres anillos de la ciudad formados por los 3 famosos canales con sus casas de la época.

La Compañía Holandesa de las Indias Orientales, la colonización del archipiélago indonesio y el mercado de las especias con oriente, la dominación del Brasil y la compra de Nueva Ámsterdam (Manhattan) a los indios fue una etapa de prosperidad que se vio mermada por la guerra contra Inglaterra, reduciendo su poder marítimo.

Este declive no fue total y a mediados del siglo XVIII Ámsterdam era la capital financiera mundial. Se produjo entonces una oleada de inmigrantes, especialmente judíos, favorecida por la tolerancia entonces existente.

Luis, hermano de Napoleón, es nombrado por este Rey de los Países Bajos al absorber la república creada por el levantamiento patriótico en 1787. Durante su reinado comenzó el estancamiento de la ciudad. No es sino a la finalización del reinado cuando, tardíamente, llega la industrialización. Fue entonces cuando, en un intento poco efectivo de reanimación se comenzó con la excavación del canal al mar del norte. Con el crecimiento de la industria llegó la explotación y pobreza de los obreros.

En 1813 se declaró la monarquía, sobre el 1850 avanzaba la constitución liberal y en el 1900 el socialismo ya estaba establecido. La depresión del 29 afectó en gran medida a la ciudad: llegó el desempleo a la población y surgieron tensiones entre ideologías políticas.

En ambas guerras mundiales los Países Bajos se mantuvieron neutrales, aunque en la segunda se produjo la invasión alemana. Llegaron duros tiempos de hambre y muerte. Muchos judíos fueron deportados mientras otros, como la famosa Ana Frank trataron de mantenerse ocultos sin demasiado éxito. Se dice que únicamente sobrevivieron uno de cada 16 judíos allí establecidos. El invierno del 44 fue un duro momento para la ciudad y sus habitantes que, aislados, apenas pudieron sobrevivir. Finalmente, la ciudad fue desocupada a mediados del 45.

Finalizada la II guerra mundial comenzó una época de conflicto social para Ámsterdam. Mientras en 1957 con el Tratado de Roma se entra en la Comunidad Europea, Ámsterdam se convierte, por su permisividad y tolerancia en refugio de los hijos de las flores en la década de los 60 y en centro de consumo y tráfico de drogas. A finales de la década los residentes de la ciudad comienzan a mudarse a la zona de Bijlmermeer, espantados por los disturbios de ocupas y la peligrosidad que alcanza la ciudad. No es hasta entonces cuando se toman medidas para paliar la situación que nos devolverá, tal y como hoy la vemos, la ciudad más visitada de todos los Países Bajos.
Publicado por Desconocido @ 11:15